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TEMAS DE MUJERES

LA EDUCACIÓN DE LAS MUJERES

LA REPÚBLICA DE LAS LETRAS Y LAS MUJERES. T. 4 

Capítulo 8

la educación de las mujeres

en el pensamiento de Mary Wollstonecraft

 

 En un acercamiento anterior al estudio de la obra de Mary Wollstonecraft[1] me centré en algunos problemas que me han llevado a plantearme algunos interrogantes desde la percepción de las imágenes que sobre la educación de las mujeres atravesaba el pensamiento de la autora.

Wollstonecraft colocó este problema en un nudo de tensiones que reflejaba de alguna manera sus experiencias de padecimiento en un momento histórico en que se pueden señalar claramente las relaciones sociales de desigualdad que condicionaban la existencia de género[2].  

En este sentido, Rivera Garretas afirma que cuando el sufrimiento femenino en las sociedades patriarcales domina todo el panorama, “cuando empapa toda la interpretación de la experiencia personal y del mundo, la vida femenina se traduce en “condición”, condición desagradable de la que hay que salir mediante la lucha por la liberación y por derechos iguales que los de los hombres con derechos[3]

Mary Wollstonecraft, escribió en 1792  A vindication of the rights of woman (Vindicación de los derechos de la mujer)[4], obra que ha sido considerada como una de las fundadoras de la tradición feminista anglosajona, que tendrá luego una larga y combativa trayectoria. Al respecto, Flora Tristán ha señalado que:

 

“…una voz de mujer se hizo escuchar en Inglaterra hace medio siglo, voz que toma en esta verdad con la cual Dios ha marcado nuestra alma, un poder irresistible y una energía resplandeciente; voz que no tiene miedo de atacar uno a uno los prejuicios y de demostrar la mentira y la iniquidad. Mary Wollstonecraft, ha titulado su libro: «A vindication of the rights of woman» (Defensa de los derechos de la mujer); apareció en 1792 … reclama la libertad de la mujer como un derecho, a nombre del principio sobre el cual las sociedades fundan lo justo y lo injusto. Ella la reclama porque sin la libertad no puede existir obligación moral de ninguna especie, como demuestra igualmente que sin la igualdad de estas obligaciones, para uno y otro sexo, la moral carece de base, cesa de ser verdadera[5].

 

Nash y Tavera[6] sostienen que las reivindicaciones presentadas en este texto de Wollstonecraft fueron claves para el primer feminismo de décadas posteriores. Sin duda este libro, ha sido uno de los más leídos, estudiados y debatido, por lo que la producción historiográfica sobre él es extensa y muy variada.

Este breve escrito que presento pretende dar cuenta, partiendo de una relectura de Vindicación y de una bibliografía acotada, de algunas reflexiones sobre una de las principales preocupaciones, la educación de las mujeres, que tuvo esta pionera de una de las más importantes tradiciones del movimiento feminista.

 

Una Vindicación de los derechos de la mujer

 

     A Vindicación de los derechos de la mujer se lo ha conceptualizado, entre otras importantes consideraciones, como un verdadero tratado pedagógico[7]. Wollstonecraft lo escribió en 1792 como respuesta a Telleyrand, al contenido de su Informe de 1791[8].  Wollstonecraft  va a desarrollar su argumentación a favor de los derechos de las mujeres invocando los principios ilustrados de libertad e igualdad y denunciando a las instituciones que negaban tales principios.

Los objetivos que la autora plantea en su lucha por los derechos de las mujeres se orientan al logro de una educación que les permita una plena participación en la vida política y civil, en igualdad de derechos con los varones. De allí que sostenga que es necesaria la formulación de manera explícita de los derechos de las mujeres.                                                                                                                                                                                                     

Wollstonecraft comparó la situación de las mujeres de su época en Inglaterra con la de las sociedades europeas bajo el absolutismo. “Siguiendo la tradición del igualitarismo inglés y francés del siglo XVIII … señaló la conexión existente entre la tiranía absolutista y la ejercida sobre las mujeres en el ámbito doméstico”[9].

 

“Es evidente por la historia de todas las naciones que las mujeres no pueden ser confinadas a las actividades puramente domésticas, ya que no cumplirán con sus deberes familiares hasta que sus mentes cuenten con una extensión mayor, y mientras que se las mantiene en la ignorancia … se vuelven en la misma proporción esclavas del placer cuando son esclavas del hombre”.

 

El planteo ético que realizó Mary Wollstonecraft se centró en la dimensión cultural de la opresión de las mujeres y la consecuente reivindicación de sus derechos fundamentados en la razón, aunque no planteó la lucha política[10].

Su pensamiento, expuesto en diferentes escritos[11],  pone en evidencia que la condición de las mujeres se relacionaba íntimamente con la vigencia de un discurso de la domesticidad, por el que aparecía justificada la realización de las mujeres al interior del hogar, a la vez que limitaba su protagonismo social.

Su pintura muestra de manera precisa una sociedad hipócrita en la que aparecen profundas contradicciones en la situación de las mujeres inglesas de fines del siglo XVIII. Por un lado, su argumento explicaba que se educaba a las mujeres para una vida de sumisión en la que se exaltaba la virtud; pero por otro denunciaba que lo que realmente sucedía era que aprendían y ejercitaban diferentes estrategias como la astucia y el engaño:

 

“su aparente inferioridad física las obliga en cierta medida a depender de los hombres en las diversas relaciones de la vida, pero ¿porqué habría que añadir a esto los prejuicios que hacen que la virtud sea una cualidad femenina y que confunden las verdades simples con las quimeras sensuales?”

“Lo que ocurre en realidad es que toda una concepción errónea de la perfección femenina es la que contribuye a desacreditar a las mujeres hasta tal punto que no es simple paradoja afirmar que su artificial debilidad engendra en ellas una cierta tendencia a la tiranía, a la astucia, enemigo natural de la fuerza, obligándolas a adoptar esos aires pueriles y despreciables que destruyen la estimación y sólo excitan el deseo.”

 

La autora pone así en cuestión una construcción de género sustentada en una educación que refuerza los estereotipos sexistas de su época.

También es interesante señalar aquí la observación que Milagros Fernández Poza realiza al afirmar que aunque “Wollstonecraft  hable en términos de género la perspectiva es específicamente de clase. Ella se siente formando parte de esas clases medias a las que les otorga  un determinante carácter moral. Reivindicar para todas las mujeres algo que estaba ligado al hecho de poseer virtud, cualidad mediante la cual éstas alcanzan la condición de ser también género humano, es evidente que reforzaba la hegemonía de un sector social a través de un proyecto de integración social”[12]

 

La educación de las mujeres

“La educación es la llave para alcanzar la igualdad con los hombres”

 

En Reflexiones sobre la educación de las niñas, que fue publicada en 1787, Wollstonecraft se ocupaba  de la educación de las niñas introduciéndose ya en el tema educativo; pero será en Vindicación en donde con fuerza y pasión reclamará para las mujeres una educación acorde a su naturaleza racional[13]. En este sentido esta obra puede ser considerada, como se ha señalado, como un tratado político y pedagógico[14].

 

“He consultado diversas obras relativas a la educación, he observado pacientemente el comportamiento de los padres, el funcionamiento de las escuelas, y he llegado a la profunda convicción de que la miseria de mis compañeras –que deploro vivamente- proviene de su descuidada educación. Se observa, de manera particular, que se convierte a las mujeres en seres débiles y desgraciados por todo tipo de razones, todas ellas derivadas de la misma precoz conclusión … Se reconoce que las mujeres pasan muchos años de su infancia adquiriendo un barniz de cualidades y, al mismo tiempo, sacrifican su fuerza física e intelectual en aras de una concepción inmoral de la belleza y de un buen matrimonio, el único medio que tienen las mujeres de elevarse en el mundo. Este deseo hace de ellas simples animales y cuando se casan se comportan como niños”.

 

Fundamentó sus propuestas en el hecho de que la asimetría de sexos (géneros) no se basaba en factores biológicos, sino en la educación y los hábitos de socialización que a las mujeres se les impartía.

 

“En la regulación de una familia, en la educación de los hijos … se requiere particularmente fuerza, tanto corporal como mental; sin embargo, los hombres que a través de sus escritos han intentado con mayor tesón domesticar a las mujeres se han esforzado en debilitar sus cuerpos y anquilosar sus mentes con argumentos dictados por un basto apetito que la saciedad ha llegado a convertir en fastidioso. Pero aunque hubieran llegado incluso a persuadir a las mujeres con estos métodos siniestros, insistiendo en sus sentimientos, en estar en casa, en cumplir con sus deberes de madre y ama de casa, yo opondría cautelosamente opiniones que condujeran a enderezar sus conductas, haciéndolas prevalecer por encima de tales importantes deberes como la ocupación principal de su vida, a pesar de que la razón se viese insultada. sin embargo, y apelo a la experiencia, si despreciando la inteligencia, ellas fueran tanto, qué va, más desprendidas de estas labores domésticas que debieran suponer un alto interés intelectual, aunque ha de observarse que la masa de la humanidad no perseguirá nunca con vigor un objeto intelectual, se me debe permitir inferir que la razón es absolutamente necesaria para capacitar a una mujer a cumplir cualquier deber de una manera adecuada, y debo repetir de nuevo que la sensibilidad no es la razón”.

 

Wollstonecraft no aceptaba que las mujeres fueran consideradas inferiores a los varones en su potencialidad intelectual y constató que en éste, como en otros aspectos, eran iguales al otro sexo; adjudicó la ignorancia de las mujeres a una estrategia implementada por los varones para mantener su hegemonía, su poder … “había sido el predominio del orden social definido por los hombres lo que había impedido que se expresaran libremente las capacidades femeninas”[15].

 

En el estado de corrupción actual en que vive la sociedad son numerosas las causas que contribuyen a esclavizar a las mujeres entorpeciendo el desarrollo de su inteligencia y fomentando el de los sentidos. Pero quizá la causa más perniciosa de todas sea el desprecio por el orden”.

 

La discusión que Wollstonecraft desarrolló en torno a la educación de las mujeres se va a  enfrentar a las argumentaciones que Jean Jacques Rousseau había expuesto en el libro V del Emilio[16]:

“ Por la misma ley de la naturaleza, las mujeres … están a merced del juicio de los hombres: no les basta con ser bellas, es preciso que agraden; no les basta con ser prudentes, es preciso que sean tenidas por tales; su honor no está solamente en su conducta, sino en su reputación …  De la buena constitución de las madres depende ante todo la de los hijos; del cuidado de las mujeres depende la primera educación de los hombres; de las mujeres dependen también sus costumbres, sus pasiones, sus gustos, sus placeres, su felicidad misma. Por esto, toda la educación de las mujeres debe referirse a los hombres. Agradarles, serles útiles, hacerse amar y honrar por ellos, eduacarlos de jóvenes, cuidarlos de adultos, aconsejarlos, consolarlos, hacerles la vida agradable y dulce: he ahí los deberes de las mujeres en todo tiempo, y lo que debe enseñárseles desde su infancia” (Rousseau)

 

Wollstonecraft va a criticar este destino de las mujeres dentro de la sociedad como “esclavas de las pasiones masculinas”, y propugnará una educación más igualitaria que tendría sus efectos en una transformación en la relación entre los sexos, poniendo en evidencia que la supuesta naturalidad de los roles sexuales era solamente la construcción de una civilización tiránica. Interpelará la noción de  virtud pues estaba convencida que se la relativizaba en función de los propósitos perseguidos.

 

“… el hecho de conferir un sexo a la inteligencia no es muy consecuente con los principios del hombre que tan calurosamente se discutían … Pero, qué barrera tan precaria es la verdad cuando se alza en el camino de una hipótesis!  Rousseau respetaba, adoraba casi, la virtud y, sin embargo, se dejaba ir hasta manifestar el amor con una ternura sensual. su imaginación atizaba continuamente sus sentidos inflamables, pero, intentando conciliar su respeto por la abnegación, el coraje y esas virtudes heroicas que un espíritu como el suyo no podía admirar fríamente, se esforzó en invertir la ley de la naturaleza, y desarrolló una doctrina de consecuencias embarazosas que atentaban contra la suprema inteligencia”.

 

Partiendo de la razón como base de los derechos humanos, objetó de este modo a Rousseau, como a otros autores, en los fundamentos que propugnaban acerca de la educación femenina que, consideraban tenía que estar orientada a un único objetivo, que era el de convertir a las mujeres en meros objetos de placer.

 

“Espero que las mujeres me disculpen si las trato como a criaturas racionales en lugar de halagar sus gracias fascinadoras y considerarlas como si se hallaran en un perpetuo estado infantil incapaces de obrar por sí mismas. Deseo vivamente hacer ver en qué consiste la verdadera dignidad, la verdadera felicidad humana … Rechazando, pues, todas estas bonitas expresiones femeninas que los hombres utilizan con condescendencia para así dulcificar nuestro estado de servil dependencia, despreciando esta mezquina elegancia, esta exquisita sensibilidad y esta blanda docilidad que se suponen son características del sexo más débil, deseo mostrar que la elegancia es inferior a la virtud, que el primer objeto de una loable ambición consiste en adquirir una personalidad en tanto que ser humano, sin distinción de sexos.”

 

Un hallazgo que la autora hace para su época es la idea de lo que actualmente conocemos como modelo co-educativo[17]. La propuesta de una educación conjunta de varones y mujeres busca legitimar un modelo educativo fundamentado en la igualdad entre los sexos, pues no sólo Wollstonecraft sostenía que las chicas tenían que tener las mismas oportunidades educativas que los varones, sino que tenían que educarse juntos[18].  Esta reforma educativa sería entonces beneficiosa tanto para varones como para las mujeres:

 

“ la mejor educación será, en mi opinión, la que consiste en ejercitar la inteligencia de tal modo que fortalezca el cuerpo y desarrolle el corazón … si se les permitiera a los chicos y a las chicas seguir sus estudios juntos se podrían inculcar muy pronto aquellos hermosos pudores que edifican la modestia, prescindiendo de esas distinciones sexuales que enturbian la mente … Para hacer a la humanidad más virtuosa, y naturalmente más feliz, ambos sexos debieran actuar desde el mismo principio; porque, ¿cómo vamos a poder esperar esto si sólo a uno se le permite ver la razonabilidad de ello? Para hacer también verdaderamente equitativo el pacto social y a fin de desplegar aquellos principios ilustrados que solos pueden mejorar el destino del hombre se les debe permitir a las mujeres cimentar su virtud en el conocimiento, lo que difícilmente es posible a menos que se las eduque con las mismas intenciones que a los hombres. Porque hasta ahora se las hecho lo suficientemente inferiores con la ignorancia y los bajos deseos como para que pretendan igualarse con ellos y por el contrario trepan al árbol del conocimiento por los serpenteantes vericuetos de la astucia, y sólo adquieren el suficiente conocimiento para seducir a los hombres”.

 

Wollstonecraft, una mujer ilustrada que creía en la razón, observó que las limitaciones que la sociedad había impuesto a las mujeres se vinculaban con la naturalización de las adjudicaciones culturales vinculadas al sexo y, pensó en la educación con un potencial transformador, que posibilitara a todos los individuos una participación plena en la vida cotidiana e incluyendo a las mujeres dentro del saber.

La educación podía convertirse, en su pensamiento, en un agente para el cambio, tanto en las interrelaciones familiares, como en el conjunto de la sociedad[19], reivindicando el valor de la educación como un bien en sí mismo. En este sentido se ha señalado que Wollstonecraft es una reformadora educativa al impulsar un modelo que consideraba necesario y era practicable. De esta manera las mujeres podrían tener buenos compañeros, a la vez que tendrían cabida para compartir y ejercer los derechos civiles y políticos de los cuales se encontraban privadas en ese entonces.

Su propuesta de una educación nacional (pública) y paritaria (para todas las clases y géneros) argumentaba contra la arbitrariedad establecida en materia educativa. “Una educación nacional para ambos sexos permitiría superar los privilegios y prejuicios, permitiría a …varones y mujeres transitar entre lo público y lo privado. Permitiría la construcción de un orden verdaderamente humano incluyendo a las mujeres como seres humanos antes que seres sexuales, sin atribuirle el monopolio de la racionalidad al sexo masculino y planteando que la autonomía y el deseo de libertad, al igual que la crianza de los hijos debe ser compartida”[20].

La obra de Mary Wollstonecraft articula teóricamente sus justificaciones partiendo de los principios igualitarios y libertarios de su momento histórico. Como señalan Nash y Tavera, las reivindicaciones que aparecen en la obra Vindicación de los derechos de la mujer  van a ser fundamentales para el feminismo que se desarrollará en los años posteriores, dado que sus formulaciones y justificaciones la presentan como una pionera del feminismo radical, si bien no centró sus objetivos en una lucha política por el sufragio, al que no concedió importancia. En su pensamiento también se encuentra presente la inspiración de la ideología social del protestantismo liberal.

Para Fernández Poza, Wollstonecraft acertó al ver que “la exclusión de las mujeres de lo que era la voluntas general, abría un camino de exclusiones y particularismos ilimitados, puesto que era el mismo principio de unidad, igualdad, individualidad y universalidad del género humano lo que de hecho podía quedar cuestionado”[21].

Si bien sus posturas aparecen mediatizadas por su origen burgués, su crítica de los modelos de género vigentes en su época, le posibilitó interpelarlos teóricamente y romper con los valores y modelos de conducta instaurados. “A partir del lenguaje liberal, de la defensa de los derechos humanos y de la igualdad entre individuos, defendió la causa de las mujeres” de una manera apasionada, a veces brutal al escribir. “Recibió trato despectivo siendo objeto de ridiculizantes descripciones: se acostumbraba a llamarla ´hiena con faldas´. Ella, sus escritos y su heterodoxa vida privada recibieron descalificaciones semejantes a las dirigidas contra otras activistas de su siglo”[22], ”… aunque eso no evitó que se convirtiera en la mujer más célebre del momento en Europa”[23].

Richard J. Evans señala que las ideas de Wollstonecraft, si bien claras, tenían muchas limitaciones, dado que los supuestos racionalistas se fundamentaban en premisas inexactas, pues “sólo una minoría de mujeres eran capaces de responder a la llamada; pocas sabían leer en aquella época, y todavía menos podían permitirse el lujo de comprar un libro… El optimismo subyacente … refleja una fe en el progreso humano que con el tiempo se vería defraudada. Pero la Ilustración reunió todo un arsenal de armas intelectuales para ser utilizadas en favor de la causa feminista: ideas de razón, progreso, ley natural, plena realización del individuo, poder benéfico de la educación y utilidad social de la libertad sobre las restricciones y la igualdad de derechos”. Arsenal que será capitalizado y profundizado por el primer feminismo o de la primera ola en su lucha por los derechos políticos y civiles de las mujeres.

 

 

 

 

 BIBLIOGRAFÍA

 

Boix Montserrat. “La educación de las niñas, una lucha histórica”. Web Educación en valores.

 

Burke, B. 2004. “Mary Wollstonecraft en la educación”. Enciclopedia de la educación informal. www.infed.org/wollstonecraft.htm

 

Caballero, Zulma.1998. “Definir la coeducación: debates y desafíos”. en Garrido, H. B. y M. C. Bravo (edit.) Temas de Mujeres. Perspectivas de Género. CEHIM, UNT. Tucumán.

 

Evans, Richard J. 1980. Las feministas. Los movimientos de emancipación de la mujer en Europa, América y Australasia. 1840-1920. Madrid. Siglo XXI.

 

Fernández Poza, Milagros. 1998. “A propósito de Mary Wollstonecraft”. En Cuadernos de Historia Contemporánea. Nº 20.

 

Garrido, Hilda B. 1999. “Diferente y desigual” El pensamiento de dos escritoras feministas pioneras. Mary Wollstonecraft y Emma Goldman”. En Actas Primeras Jornadas de Historia Moderna y Contemporánea. Vol. I. Facultad de Filosofía y Letras. UNT. Tucumán.

 

http//www.bartleby.com/221/0210.html

 

Nash, Mary y Susana Tavera.1994. Experiencias desiguales: conflictos sociales y respuestas colectivas (Siglo XIX). Síntesis. Madrid.

 

Pérez, María L. “Entre la igualdad y la diferencia: La historia necesaria” www.campopsi.com.ar/MariaLuisaPerez/igualdad.htm

 

Rivera Garretas, María M. 2002. El fraude de la igualdad. Librería de Mujeres. Buenos Aires.

 

Rousseau, Jean Jacques. 1990. Emilio o de la educación. Alianza. Madrid.

 

Sledziewski, Elisabeth. “Revolución Francesa. El giro”. En Duby, George y Michelle Perrot. Historia de las Mujeres en Occidente. T.4. El siglo XIX. Taurus.

 

Tristán, Flora. “Las mujeres inglesas”. www.villegaseditores.com 

 

Varela, Nuria. “La primera ola. Comienza la polémica”. www.modemmujer.prg

 

Wollstonecraft, Mary. 1998. Vindicación de los derechos de la mujer. Debate. Barcelona.

 

 

 


[1]  Garrido, Hilda B. 1999. “Diferente y desigual” El pensamiento de dos escritoras feministas pioneras. Mary Wollstonecraft y Emma Goldman”. En Actas Primeras Jornadas de Historia Moderna y Contemporánea. Vol. I. Facultad de Filosofía y Letras. UNT. Tucumán.

[2] Mary Wollstonecraft tuvo una niñez difícil, con un padre violento. Cambiaron en varias oportunidades de domicilio; esto tuvo consecuencias negativas en su educación básica. Esta particular situación familiar  no fue un obstáculo para que emergiera su carácter, con una voluntad decidida y un gran sentido crítico.

[3] Rivera Garretas, María M. 2002. El fraude de la igualdad. Librería de Mujeres. Buenos Aires.

[4] Wollstonecraft, Mary. 1998. Vindicación de los derechos de la mujer. Debate. Barcelona.

[5]  Tristán, Flora. “Las mujeres inglesas”. www.villegaseditores.com 

[6] Nash, Mary y Susana Tavera.1994. Experiencias desiguales: conflictos sociales y respuestas colectivas (Siglo XIX). Síntesis. Madrid.

[7] Evans, Richard J. 1980. Las feministas. Los movimientos de emancipación de la mujer en Europa, América y Australasia. 1840-1920. Madrid. Siglo XXI.

[8] Sledziewski, Elisabeth. “Revolución Francesa. El giro”. En Duby, George y Michelle Perrot. Historia de las Mujeres en Occidente. T.4. El siglo XIX. Taurus.

[9] Nash, M. y S. Tavera. 1994. Op. cit.

[10] Cf. Sledziewski, Elisabeth. Op. cit.

[11]  Obras de Mary Wollstonecraft: Reflexiones sobre la educación de las niñas (1787), La justificación de los derechos de los hombres (1790), Vindicación de los derechos de la mujer (1792), La revolución francesa (1794), Cartas escritas durante una breve estancia en Suecia, Noruega y Dinamarca (1796); Mary o Los males de la mujer, obra póstuma que fue publicada por W. Godwin, su marido.

[12]  Cf. Fernández Poza, Milagros. 1998. “A propósito de Mary Wollstonecraft”. En Cuadernos de Historia Contemporánea. Nº 20

[13]  “No es casual que el capítulo más interesante del libro de Wollstonecraft sea el que dedica a la Educación Nacional donde se explicita el papel que tiene que jugar la mujer desde una radical no unidimensionalidad en la construcción de la nacionalidad liberal. Acerca del futuro de las naciones, Wollstonecraft intuyó que si la mujer se la reducía a la domesticidad según las formas de representación que querían imponérsele, ese proyecto emergente no llegaría a buen puerto. Por ello mismo es con la relación que establece entre familia, educación de la mujer y nación que el pensamiento de Wollstonecraft nos conduce por los terrenos de la ideología política desde la perspectiva del desarrollo de las libertades individuales”. Fernández Poza, Milagros. 1998. Op. Cit.

[14] Cf. Burke, B. 2004. “Mary Wollstonecraft en la educación”. Enciclopedia de la educación informal. www.infed.org/wollstonecraft.htm

[15] Nash, M y S. Tavera. 1994. Op. cit.

[16] Cf. Rousseau, Jean Jacques. 1990. Emilio o de la educación. Alianza. Madrid.

[17] “Coeducación significa educar a las personas desde la igualdad de valores al margen de que sean niños o niñas” Boix Montserrat. “La educación de las niñas, una lucha histórica”. Web Educación en valores.

“Se podría hablar de la coeducación como paradigma educativo diferenciado de otros modelos pedagógicos … Este corpus debe legitimar un modelo educativo basado en la igualdad entre los sexos. Pero ello requiere el planteamiento de estrategias para contrarrestar la desigualdad  a través de la acción educativa desde la perspectiva del género “. Caballero, Zulma.1998. “Definir la coeducación: debates y desafíos”. en Garrido, H. B. y M. C. Bravo (edit.) Temas de Mujeres. Perspectivas de Género. CEHIM, UNT. Tucumán.

[18] Cf. Burke, B. 2004. Op. Cit.

[19] Cf. http//www.bartleby.com/221/0210.html

[20] Cf. Pérez, María L. “Entre la igualdad y la diferencia: La historia necesaria” www.campopsi.com.ar/MariaLuisaPerez/igualdad.htm

[21] Fernández Poza, M. 1998. Op. Cit.

[22] Nash, M y S. Tavera. 1994. Op. cit.

[23] Varela, Nuria. “La primera ola. Comienza la polémica”. www.modemmujer.prg

 

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