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DISCRIMINACIONES

Carta abierta a Javier Marías

Mujeres en red
Períodico Feminista

Tras su enésimo artículo sobre sexismo lingüístico publicado el 17 de diciembre de 2006 en El País con el título “Narices con poco olfato”
Jueves 11 enero 2007

¡Qué aburrimiento, Javier Marias!¡Qué rollo esa prepotencia del desprecio al conocimiento y al saber!¡Qué pesadez ese negarse a escuchar y a leer!

¡Cuánta mala fe!

Sólo voy a contestar a dos de tus tonterías en homenaje a Eulalia Lledó y a Mercedes Bengoechea, dos mujeres a las que debo casi todo lo que sé sobre este tema.

1. No decimos “juezo” como masculino de jueza porque tampoco decimos “andaluzo” como masculino de andaluza. Si, ya sé que andaluzas hubo siempre y que la existencia de juezas es reciente. Pero resulta que la lengua está viva y al cambiar la realidad, cambia también la forma de nombrarla. Doy por sentado que sobre esto no necesitas ejemplos.

Otras parejas que contradicen tus malintencionadas propuestas serían entre muchas más: canciller/cancillera (como profesor/profesora), bedel/bedela (como oficial/oficiala e incluso concejal/concejala ya perfectamente asumida) y para gerente tendríamos un femenino similar a dependienta, sastra, asistenta, presidenta, etc.

Tampoco es necesario “poeto” porque ya en nuestra amada (no sólo por ti) lengua latina teníamos poeta/poetissa (así, con dos eses) definido como hombre que escribe versos/mujer que escribe versos.

2. Si, como nos recomiendas, eleváramos nuestras quejas a las deidades romanas tendríamos que hacer como el pueblo romano hacía: invocaban a diosas y dioses por separado (“sive deus, sive dea”= seas dios, seas diosa) porque temían que las deidades no escucharan sus ruegos si empleaban una forma solamente.

¡Ah! Y para las obsesiones, nada como visitar al “psiquiatro”

Teresa Meana Suárez. Feminista y profesora de lengua castellana en un instituto de Valencia.

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Comentarios

Un comentario en “Carta abierta a Javier Marías

  1. Marías expresa su opinión, lo mismo que se hace aquí. Los debates no deberían ir más allá de eso, de expresar opiniones y escucharlas. Sin embargo, en pocas palabras se le tilda de aburrido, prepotente, pesado y hombre de poca fe. No está mal para tan pocas líneas.
    Es curioso ver cómo los que siempre han estado del lado de las libertades, en determinados escenarios quieren imponer corsés y ataduras casi por decreto ley. ¿No sería mejor dejar evolucionar el lenguaje tal y como ha sido siempre? Si no hubiera sido así, estaríamos hablando en latín, como poco. Se dice aquí que la lengua está viva y que debe cambiar. De acuerdo, pero yo prefiero una evolución a su ritmo normal, nada de traumáticos cambios.
    Hace unos años la Academia aceptó la entrada “güisqui”. ¿Alguien la vio escrita por algún lado? Si mañana, en un ataque de normalización mal entendida, la Academia aceptara policío, electricisto y artisto, ¿lo adoptaríamos?
    A nadie le chirría ya escuchar presidenta, capitana, ministra y catedrática. Y eso que conozco algún caso que expresamente prefiere el masculino “catedrático” a pesar de llamarse Josefa.
    Dejemos que el lenguaje fluya por sí solo, dejémosnos de imposiciones. Y también sería recomendable dejarnos de consejos mordaces: mandar a alguien al psiquiatra no es propio de profesoras de lengua feministas, sino de médicos (y médicas) de cabecera.
    Es mi opinión.
    Saludos

    Publicado por Onallera | julio 2, 2008, 10:30 am

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